28/07/19

Nunca me habían cuidado con poesía.

Nunca me habían querido en un susurro, en las pausas y los vacíos. En las palabras y los ritmos que no paran mutar, y que quizás en otro tiempo me harían pensar en las células que no deberían estar ahí y que no se dan cuenta de que tienen que parar. En los miedos, en la vulnerabilidad y la finitud. Salpicadas por la cascada de endorfinas, se confunden con la teoría de la evolución, con todo lo que crece, con lo que se adapta y no solo sobrevive.

Nunca había querido desde la desnudez más absoluta. No ante quien te mira -que también-, sino ante mí misma.

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