17/03/19

Estoy empapada,
tanto que cala y desborda, de dentro hacia afuera, de afuera hacia dentro. En ondas, in crescendo. Completamente disuelta incluso en el recuerdo.

Estoy dentro y fuera de mi cuerpo.
Dentro, muy dentro, muy en contacto con las entrañas, las vísceras y los fluidos. Muy en la respiración entrecortada, las descargas, escalofríos y temblores.
Fuera, muy fuera, muy ajena a las coordenadas y los puntos de anclaje. Muy lejos de poder controlarme. Dame la mano para que compruebes que no exagero. Muy me da igual que sean las dos de la tarde y el espacio no va a condicionarme porque he dejado de relacionarme con la realidad como lo hacía hace 5 minutos. 10 minutos. 20 minutos. Quizá una hora.

Notar el sabor a hierro y querer más. Notar el olor a hierro y querer más. Pensar en Bernini y querer más.

Mezclar recuerdo e imaginación y querer más.

No poder contenerme, no poder contenerme dentro, no poder dejar de expandirme, de ocupar exactamente el mismo espacio aunque sea imposible empírica y metafóricamente.

Quiero destrozarte con violencia revolucionaria.

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