03/02/2019

Antes de la cicatriz fue la herida.

En la mayoría de los casos ni siquiera sé qué hizo brotar la sangre. Me pregunto cuántas de las cicatrices de hoy fueron heridas autoinfligidas ayer. No de esas que te haces para acabar con el entumecimiento, las que despejan la rabia o convierten en físico el dolor. Supongo que, en la mayoría de los casos, la carne abierta se debe a mi torpeza, a mis descuidos.

Sin conocer el origen, no queda más que especular. Inventar una respuesta plausible a los qué te ha pasado. Quitarle importancia al hecho de que estaré marcada para siempre sin saber exactamente el porqué, de que no tengo control alguno sobre mi propio cuerpo. Que tampoco tengo control alguno sobre mi camino.

Y pensar en la carne expuesta y las llagas abiertas. En todos los cortes que habría estado dispuesta a afrontar, en si seré lo suficientemente valiente como para salir a pecho descubierto y aceptar los impactos.

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