02/06/19

En un momento dado elegí aferrarme al hilo de luz que quedaba. Fue un error, y volví a abrazar la sombra. Me dije que mejor ser vulnerable que de piedra. Les dije que mejor ser vulnerable que de piedra. Y seguí escribiendo, porque ya lo hacía, pero empecé a no ocultar las confesiones.

Cuando no tienes a nadie con quien hablar, la escritura permite que el soliloquio albergue aprendizaje. Pero compartir mis diálogos conmigo misma es solo otra forma más de exhibicionismo. Como mostrar mis ojeras, los poros abiertos, el sudor que resbala y que habla de calor y de cansancio. Es mostrarse desarmada. Es decirle al otro que no vas a herir mientras presumes de cicatrices, puntos ciegos y espacios donde clavar la estocada. Demasiada fragilidad y, al mismo tiempo, demasiada violencia.

Seguiré escribiendo, pero no sobre mí. Aunque los silencios también hablen.

 

 

 

 

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